Gestalt y duelo
EL PROCESO DE DESPEDIRSE.
de Stephen A. Tobin. El proceso de despedirse, del libro "Esto es Gestalt"

EN QUÉ CONSISTE EL PROCESO DE DESPEDIRSE:
La mayoría de los pacientes fracasa de alguna manera en el proceso de despedirse, ya sea por una muerte, por una ruptura…esta reacción de “AGARRARSE” se presenta ante la pérdida de personas emocionalmente significativas.
Ni siquiera es importante que se haya tratado de una relación llena de amor, de hecho, la mayoría se han caracterizado por riñas y peleas.
La reacción adaptativa a la pérdida de una persona amada es un período bastante largo de pena y dolor, seguido por un renacer del interés por las personas vivas y las cosas.
La reacción adaptativa a la pérdida de una persona odiada es una sensación de alivio.
La reacción de “agarrarse” tiene la finalidad de inhibir las emociones suscitadas por la pérdida y mantener presente a la persona en la fantasía.
CAUSAS DE LA REACCIÓN DE AGARRARSE:
Una de las causas es la gran cantidad de asuntos incompletos (emociones vivenciadas durante la relación que por algún motivo no fueron expresadas) entre las dos personas, con anterioridad al término de la relación.
Los freudianos han discutido esta conducta neurótica y para describirla han acuñado el término “repetición compulsiva”. Sin embargo no se han ocupado de los cambios físicos que se presentan. Además la terapia freudiana, con su énfasis en el pensamiento y en los porqués, refuerza este aferrarse al pasado en vez de alentar su abandono.
Por otro lado, el conductismo, mientras trabaja por la eliminación de la tendencia a las repuestas repetitivas, no da al cliente herramientas para prevenir futuras reacciones de agarrarse.
CÓMO SUCEDE EL FENÓMENO DE NO CONCLUIR:
1.Suprimir emociones dolorosas, transformándolas en síntomas físicos:
Estas personas, comienzan desde la infancia a suprimir emociones dolorosas mediante la contracción crónica de la musculatura lisa y esquelética y la inhibición de la respiración. Esto produce el entumecimiento de sus cuerpos.
Cuando llegan a adultos, su sensibilidad corporal está ya seriamente disminuida, y, como todos los sentimientos están localizados en el cuerpo, no logran percatarse de ellos.
Esta falta de capacidad de darse cuenta, les imposibilita concluir situaciones emocionales.
Si alguna vez llegaran a percatarse de sus emociones, su tendencia es suprimirlas, puesto que desde su mente, reciben órdenes que dictan que no deben enojarse, ni expresar amor, ni sentirse tristes… De este modo van silenciando los mensajes que su cuerpo les entrega y van transformando la excitación emocional en un dolor físico, tensión y ansiedad.
2.Valorar las ganancias secundarias del “agarrarse”:
Otra modalidad que las personas emplean para evitar concluir ciertas situaciones, es valorar alguna de las ganancias secundarias que se obtienen del fenómeno de “agarrarse”: Cuando el presente no les resulta excitante, pueden dar alivio a sus sentimientos de soledad pensando en relaciones pasadas.
Podría pensarse que estas situaciones del pasado fueron placenteras; sin embargo, lo más probable es que hayan sido negativas Por ejemplo “agarrarse” a un resentimiento puede utilizarse para auto-compadecerse o como excusa para no acercarse al objeto del resentimiento.
El virtuosismo o el ser normativo, es un subproducto del agarrarse, particularmente corriente en aquellos pacientes que evalúan todos los conflictos entre ellos y los demás en términos de bueno, malo o estúpido.
Ya que admitir estos juicios es humillante y degradante, mucha gente se agarra de sus resentimientos con la esperanza de que el otro verá la luz y se humillará admitiendo que estaba equivocado.
AGARRARSE DESPUÉS DEL TÉRMINO DE UNA RELACIÓN:
Hay muchos asuntos inconclusos en una relación mientras ésta dura; cuando la relación termina por la razón que sea, la relación en sí misma queda inconclusa, ya que el individuo se haya aún cargado con mucha emoción acumulada y no expresada: viejos resentimientos, culpas, antiguas heridas, aprecio…
La presencia de estas emociones inexpresadas dificulta el poner término a la relación, debido a que la otra persona, sencillamente ya no está cerca para escucharlas.
Una de las formas en que puede resolverse esto es que la persona exprese sus sentimientos en fantasía a la persona que se ha alejado, sin embargo pocos pacientes lo hacen, debido a distintas razones:
1.Algunas de las formas que las personas emplean para evitar concluir cosas, también sirven para evitar concluir la relación y despedirse. Muchos pacientes no se ha percatado de lo que sintieron al final de una relación.
2.También se obtiene una serie de beneficios del no despedirse, por ejemplo una mujer viuda que teme entablar una nueva relación con otro hombre, puede usar su apego a su marido fallecido como excusa para no comprometerse.
3.Otra razón es la falta de disposición a sentir el dolor que sentirían si soltaran las amarras. Por ejemplo en EEUU se cree erróneo sentir cualquier tipo de dolor, de modo que tan pronto las personas comienzan a sentirse angustiadas, toman tranquilizantes… De esta forma en lugar de soltar las relaciones muertas, mucha gente evita su vacío y su soledad “manteniéndose ocupado”, encontrando una nueva relación lo más pronto posible, o pretendiendo que la persona muerta, todavía anda por ahí.
4.Finalmente, muchas de las personas que evitan despedirse, lo hacen porque sienten que dejar ir, especialmente a los muertos, es un deshonor para con ellos. Muchos pacientes ya no creen en una vida en el más allá, por ello sienten que la única clase de inmortalidad posible es la de ser recordado por los vivos. No se dan cuenta de que si realmente hubieran establecido una relación significativa con la persona mientras aún estaba presente, se habrían enriquecido y habrían ido cambiando continuamente a lo largo de la relación. De esta manera la persona perdida hubiera realmente llegado a ser parte del que quedó y viviría en una forma mucho más significativa (como una parte del ser de esta persona).
Resultados del agarrarse:
A.Una de las consecuencias del agarrarse son los SÍNTOMAS FÍSICOS.
Algunos pacientes han identificado partes de sus cuerpos como representativas de personas que se han ido. (Por ejemplo una mujer que mantenía a su madre en forma de úlcera)
Otros pacientes se identifican enteramente con personas fallecidas y tienen el aspecto de cadáveres ambulantes: sus rostros y voces son inexpresivos, sus movimientos son controlados y mecánicos, y dicen sentirse físicamente entumecidos.
B.Entre los pacientes que han rehusado despedirse, generalmente presentan síntomas emocionales.
Por ejemplo, lo que se han identificado con personas fallecidas, están emocionalmente muertos, no sienten nada.
También hay personas que, a causa de no haber completado su proceso de duelo, presentan una forma atenuada de depresión crónica, un aspecto abatido, apático, y tienen poco interés real en la vida, ya que han estado deprimidos tanto tiempo que no se percatan de su depresión.
Otro resultado bastante corriente de la reacción de agarrarse en una actitud auto-compasiva hacia sí mismo y, en cambio, adopta una actitud quejosa y culpante hacia la persona que se ha ido, usándole como excusa para sus inadecuaciones.
Otro resultado es el de la persona que se agobia a sí mismo con culpas por lo que pudo haber hecho y no hizo por la persona que ya no está.
C.Otro síntoma es la incapacidad para establecer relaciones estrechas con otras personas, ya que el que está continuamente fantaseando con el pasado tiene poco tiempo para los que están cerca, de modo que ni ve ni siente lo que ocurre en el presente.
Mientras mayor es la capacidad de una persona para concluir situaciones en una relación, más auténtica es la relación. Sin embargo, lo que sucede en la mayoría de las relaciones íntimas es que después de un tiempo se han acumulado tantos resentimientos y desengaños inexpresados que las personas cesan realmente de ver, escuchar y sentir al otro en el presente.
En contraste, las personas que pueden despedirse con un buen “adios” cuando se van temporalmente, son más capaces de comprometerse totalmente con el otro de una forma realista, fresca y significativa cuando se encuentran nuevamente.
Así, resulta muy importante destacar que el despedirse de un fallecido, es un proceso idéntico al de expresar sentimientos a otra persona y a dejarlo ir durante una ausencia temporal.
TRABAJANDO LA DESPEDIDA CON PACIENTES:
Para ayudar a despedirse a un paciente que está “agarrado”, hay que hacerle tomar conciencia de que lo está y de cómo lo hace.
Por lo general, es algo que el paciente dice o hace en terapia de grupo o individual, lo que hace sospechar que está en conflicto respecto a algún asunto incompleto. A veces puede ser un sueño en que aparece la persona muerta, otras veces es un simple gesto.
Lo que se hace en primer lugar es preguntar al paciente si tiene algún asunto inconcluso con alguien que se ha marchado, y si la respuesta es afirmativa, se le pregunta si quiere despedirse:
Si responden que no lo desean, se trabaja con ellos para que se percaten de sus objeciones a despedirse, y si después de esto aún insisten en que no quieren desprenderse y que no tienen conflicto en ello, nos detenemos ahí.
Si responden que sí desean trabajar en despedirse, entonces se procede con el siguiente paso.
TRABAJANDO CON EL ASUNTO INCOMPLETO:
Como segundo paso, el terapeuta toma una silla vacía, se ubica frente al paciente y le pide que imagine a la persona fallecida, sentada en esa silla.
Luego le pregunta que está vivenciando mientras lo imagina, y le pide que se lo diga directamente a la persona fallecida.
Con frecuencia los pacientes vivencian resentimiento por no haber sido “queridos lo suficiente”, o sienten culpas por no haber sido más bondadosos con la persona perdida.
Luego el terapeuta le pide que se cambie de silla y sea la persona muerta. Es frecuente que el paciente diga algo de forma espontánea, pero si no es así, el terapeuta le pregunta qué está vivenciando en el papel de la persona fallecida.
Cuando responde, el terapeuta le pide que se diga eso a sí mismo sentado en la otra silla.
La persona fallecida imaginada por el paciente puede sentir rabia por la falta de bondad del paciente hacia él; o bien puede asumir una actitud defensiva ante el resentimiento expresado por el paciente y dar disculpas por su falta de amor.
Después de que la persona muerta ha dicho lo suyo, el terapeuta le pide al paciente que cambie de asiento y vuelva a ser el mismo en la primera silla, y que responda al muerto imaginado. Una vez que el paciente se ha metido completamente en los dos roles, el terapeuta le sugiere que se cambie de silla tantas veces como quiera.
En casi todos los casos se expresa mucha emoción (rabia, dolor, resentimiento, amor, etc…). Cuando ya el paciente aparenta no tener más asuntos inconclusos, se le pregunta si se siente preparado para despedirse.
Frecuentemente los pacientes dicen estar listos, pero son incapaces de hacerlo directamente frente al imaginado y fallecido ser querido. En otras ocasiones su despedida no suena convincente.
En cualquier caso, el terapeuta debe ayudarles a que se percaten de que aún no están listos para soltar al fallecido, ya sea por miedo a no encontrar gente viva con la que relacionarse o porque aún quedan asuntos inconclusos. No se empuja al paciente en tanto esté dispuesto a hacerse responsable de su agarrarse.
Sin embargo, si el paciente está dispuesto para concluir la relación, por lo general se produce una explosión emocional. Lo habitual es que el paciente complete su proceso de luto y llore; sin embargo, a veces, se presenta un sentimiento de gran alivio y alegría por haber eliminado un peso muerto.
Toda vez que este tipo de trabajo sucede en un grupo, es una experiencia bastante conmovedora para el terapeuta como para todos los demás presentes. Lo típico es que surjan sentimientos de mayor calidez y cercanía en el grupo y la mayoría de las personas que participan como observadores al trabajo expresan una especie de profundo y religioso amor por la vida.
Los resultados generalmente son duraderos: lo habitual es que el paciente piense poco o nada en la persona desaparecida, y adquiera un sentimiento de mayor energía y un mayor interés por la vida y las demás personas.